OCEANA I Eduardo Sorensen

Por Amy McDermott

Hace veinte años, el jurel estaba en serios problemas. Frente a la costa de Chile, uno de los dos lugares del Pacífico Sudeste donde abunda esta especie, los pescadores capturaban cientos de miles de toneladas, alcanzando un peak de cinco millones en 1995.

“Eso era mucho pescado”, dice James Ianelli, biólogo de la United States National Marine Fisheries Service o NOAA Fisheries. Entre mediados y fines de la década del 2000 el stock estaba sobreexplotado y se dirigía hacia el colapso. Para los científicos expertos en pesquerías, el jurel se había convertido en el símbolo de los océanos depredados.

Pero en los años siguientes, un cambio radical en el manejo de la pesquería, tanto en Chile como a nivel internacional, logró su recuperación, transformándose en un ejemplo de la efectividad del trabajo conjunto de la ciencia y las políticas públicas.

El lejano oeste

A 200 millas náuticas mar adentro de la costa de Chile, las aguas nacionales dan paso a altamar, donde densos cardúmenes de jurel quedan expuestos a las flotas de pesca chilenas e internacionales. Ha sido un lugar desafortunado para estos peces.

A mediados de los 70, embarcaciones rusas encontraron esta rica población de jurel, muy pronto otros países las siguieron. Barcos chilenos se volcaron a su captura en aguas nacionales, adjudicándose la mayoría de los desembarques. Naves chinas, coreanas y de otras naciones pescaron mucho más allá de la costa. Al principio, el jurel parecía ilimitado en las aguas aledañas a Chile. Los desembarques anuales pasaron de cientos de miles de toneladas en la década de 1970, a millones de toneladas en los 80 y 90. “No existía la regulación pesquera, la gente simplemente hacía lo que quería”, dice Ianelli.

Así fue que la presión sobre el jurel crecía sin parar, incluso cuando el número de especies caía dramáticamente en la década comprendida entre mediados de los 90 y 2000. Una población que alguna vez se estimó en más de 13 millones de toneladas decreció a menos de dos millones de toneladas en poco más de veinte años.

Bajo ese escenario, todos los países que explotaban el jurel se enfrentaban ahora a un gran problema: tendrían que trabajar juntos para salvar una pesquería a la que casi destruyeron.

Un cambio de paradigma

En una serie de reuniones internacionales que comenzaron en 2006, científicos pesqueros se propusieron recolectar información sobre el jurel en todo el Pacífico, océano hacia donde migra, y así evaluar la cantidad de peces que históricamente había y los que actualmente quedaban. “Se crea esta imagen de cómo era el escenario y luego se extrapola a lo largo de los años para determinar un monto razonable que se pueda pescar”, dijo Liesbeth van der Meer, directora de Oceana en Chile.

Según Ianelli, ese fue el inicio del South Pacific Regional Fisheries Management Organization (SPRFMO u Organización Regional de Pesca del Pacífico Sur), la que actualmente cuenta con 15 miembros, incluyendo Chile, Rusia y Estados Unidos. La SPRFMO utiliza estimaciones de la población del jurel para establecer límites internacionales de captura, tarea a cargo de Ianelli, científico que trabaja en esos números.

Mientras la SPRFMO se fusionaba a mediados de la década del 2000, en Chile se llevaba a cabo una reforma pesquera que resultó en un mejor manejo en aguas chilenas. El Consejo Nacional de Pesca (CNP) históricamente fijaba límites de captura fuertemente influenciados por los intereses pesqueros, señala el biólogo marino Eduardo Tarifeño Silva de la Universidad de Concepción, quien ha sido miembro del CNP desde 2006. Chile se comprometió con el manejo cooperativo internacional del jurel en los inicios de la SPRFMO, incluso antes de las reuniones internacionales de 2006. En 2013, el país fijó su cuota anual igualando la cuota recomendada por la SPRFMO, basada en datos científicos. Actualmente, esta organización asigna a Chile el 65% del total de la cuota de captura recomendada.

“Oceana fue un gran promotor de los cambios científicos que influyeron en cómo manejamos las pesquerías”, señala van der Meer. La adherencia a cuotas basadas en ciencia ha sido clave para recuperar esta pesquería.

Un gran vuelco

En 2013, la SPRFMO fijó un límite de captura bajo, cerca de 450.000 toneladas, y lo mantuvo durante los siguientes cuatro años, incluso cuando la población del jurel parecía recuperarse en el agua. “La cuota no ha aumentado mucho, en relación a los números del jurel”, dice Ianelli, “porque aún estamos en la fase de reconstrucción”.

Hoy, esta pesquería está muy cerca de la recuperación. Las estimaciones de población alcanzaron los cinco millones de toneladas en 2017 y deberán mantenerse allí durante varios años para poder declarar un triunfo oficial. “Generalmente en las pesquerías se habla de éxito de forma muy temprana, y luego se dejan de cuidar esos recursos. Necesitamos más tiempo”, dice van der Meer.

La historia del jurel puede no ser un triunfo todavía, pero ya es un paradigma sobre cooperación global. Obviamente, los peces necesitan ayuda y un puñado de países se unió para arreglar el problema. Van der Meer, Ianelli y Tarifeño Silva ven en la historia del jurel una luz de esperanza en las negociaciones internacionales.

Ahora la pregunta es qué pasará el 2019, asumiendo que la población seguirá creciendo. Según Ianelli, los límites de captura podrían cambiar en forma dramática. “¿Qué pasa después de su reconstrucción?”, pregunta. “Ese es el próximo desafío”.

A continuación:

Para tener en cuenta: glosario de los conceptos pesqueros más utilizados

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