“Como si fueran conocidos de la tripulación, los delfines emergen y se sumergen varias veces frente a los turistas en Punta de Choros, en Coquimbo. Mientras, en Chañaral de Aceituno, ubicada casi en el límite entre Atacama y la IV Región, las visitas ilustres toman dimensiones enormes. Allí, entre diciembre y marzo es frecuente ver ballenas azules, jorobadas y fin”.  Así comenzaba un artículo de El Mercurio, publicado en febrero de 2014, en el que se destacaba el aumento explosivo del turismo de avistamiento de cetáceos en el norte de Chile.

Si hasta principios de la década de 2000, muy pocos habían escuchado hablar de Punta de Choros, localidad perteneciente a la comuna de La Higuera, hoy es cada vez más frecuente ver turistas nacionales, europeos y norteamericanos visitando el lugar. En 1998, apenas 995 turistas fueron a la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, ubicada justo frente a Punta de Choros, en 2015 el número se disparó a 53.294. Un estudio de Sernatur identifica esta zona como una de las áreas silvestres protegidas propicias para el desarrollo del turismo sustentable, por su gran belleza escénica y por ser un lugar privilegiado para el avistamiento de cetáceos, mamíferos marinos y avifauna.

Pero la presencia de ballenas y delfines es solo un ejemplo de la variedad de especies que viven aquí. En La Higuera habitan distintas aves marinas como el pingüino de Humboldt y el yunco; mamíferos como la nutria de mar, más conocida por los lugareños como “chungungo”, además de diversas variedades de peces, moluscos, algas y muchas otras especies que conforman este excepcional ecosistema , una de las áreas de mayor biodiversidad marina del país

UN PARAÍSO PARA LA BIODIVERSIDAD

La Higuera es una tranquila comuna rural donde habitan alrededor de 4.500 personas. Está conformada por varias localidades de pescadores y pequeños agricultores, entre las que se cuentan Caleta Hornos, Chungungo, El Trapiche, Punta Colorada, Los Choros y Punta de Choros. A La Higuera, además, pertenecen las islas Choros y Damas, ambas parte de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, administrada por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), y también los observatorios astronómicos Las Campanas y La Silla.

Pero la extensión del área donde se ubican las reservas marinas no es suficiente para proteger este rico ecosistema. Una buena parte se encuentra sin protección y a merced de amenazas como la contaminación o la pesca ilegal. Diversas instituciones públicas, como el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) y la Conaf, han identificado esta zona como un sitio prioritario para la conservación, mientras que el “Estudio de Análisis de Omisiones y Vacíos de Representatividad en los Esfuerzos de Conservación de la Biodiversidad en Chile (GAP-Chile 2009)” encargado por la Comisión Nacional del Medioambiente, llegó a la misma conclusión.

Numerosas comunidades asentadas aquí, han convivido durante años en forma armónica con el medioambiente y han sabido aprovechar esta excepcional concentración de vida marina para potenciar actividades turísticas, la pesca artesanal, la extracción de machas y de locos desde áreas de manejo, y la agricultura, creando numerosas fuentes de empleo sobre la base de actividades sustentables, libres de contaminación. Para las comunidades de esta área, los recursos naturales son su soporte económico, social y cultural.

Sin embargo, en los últimos 10 años, La Higuera ha debido enfrentar una serie de amenazas que la han tenido a punto de transformarse en una nueva zona de sacrificio, tal como Ventanas, en Quintero.

LAS AMENAZAS INDUSTRIALES QUE HA ENFRENTADO LA HIGUERA

En octubre de 2007, los habitantes de La Higuera se enteraban que una industria contaminante buscaba instalarse en la comuna. Codelco presentaba el Estudio de Impacto Ambiental de Farellones, un proyecto termoeléctrico a carbón que consideraba dos centrales de 400 MW cada una. Con una inversión de US$1.100 millones, Farellones buscaba entregar energía a las divisiones mineras de Codelco en El Salvador, Andina, Ventanas y El Teniente.

Pocos meses después, a principios de 2008, la empresa Suez Energy anunciaba Barrancones, otra central termoeléctrica con una capacidad de 540 MW, la cual se emplazaría a muy poca distancia de la reserva Isla Damas. Como si todo esto fuera poco, un tercer proyecto carbonífero, Cruz Grande, del grupo CAP, entraba a tramitación ambiental el 6 de junio de 2008, el cual contemplaba una planta de generación termoeléctrica de 300 MW, también en La Higuera, a pocos kilómetros de las islas Choros, Damas e Isla Chañaral, de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt.

En menos de un año, tres proyectos termoeléctricos altamente contaminantes buscaban instalarse en La Higuera. Conscientes del daño medioambiental que estas industrias provocan debido al uso del carbón, los habitantes comenzaron a organizarse en la defensa de su hábitat. Una primera buena noticia fue que en noviembre de 2008, Codelco decidió retirar Farellones desde el Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), producto de la desconfianza que generaba dentro de las comunidades locales. Sin embargo, los otros dos proyectos, las termoeléctricas Barrancones y Cruz Grande, seguían avanzando silenciosamente en las etapas administrativas.

Un año más tarde, la Municipalidad de La Higuera convocaba a los vecinos a una reunión con las autoridades ambientales para informarles sobre la inminente instalación de la termoeléctrica Barrancones. Los asistentes quedaron sorprendidos y se opusieron de inmediato. A la salida, decidieron organizarse y se unieron en una campaña bajo el lema “Salvemos Punta de Choros”, la cual incluyó la realización de un video para redes sociales, donde distintos líderes de opinión llamaban a detener Barrancones. Fue tal el éxito, que más de un millón de personas lo reprodujeron. Si hasta ese minuto, el conflicto era un asunto local o de grupos medioambientalistas, tras la publicación del video pasó a ser un tema nacional.

Sin embargo, el lobby de parte de Barrancones fue más fuerte, y el 24 de agosto de 2010 la COREMA de la región de Coquimbo aprobaba el proyecto. La ciudadanía acusó el golpe, en pocas horas y de manera inédita, se organizó una masiva marcha a través de redes sociales para rechazar la decisión de la autoridad ambiental. Fue tal la presión de la gente, que el presidente de la época, Sebastián Piñera, se vio obligado a intervenir y detener personalmente Barrancones.

Pocos meses más tarde, en marzo de 2011, CAP decidió retirar el proyecto Cruz Grande del Sistema de Evaluación Ambiental. La Higuera había logrado derrotar a tres peces grandes. La Higuera estaba a salvo.

DOMINGA: UN PELIGRO PARA LOS ECOSISTEMAS 

Sin más proyectos termoeléctricos en carpeta, vendrían años de tranquilidad para los habitantes de La Higuera. Sin embargo, en agosto de 2012, un viejo conocido, CAP Minería, ingresaba otro proyecto a evaluación ambiental: el puerto minero Cruz Grande, una inversión de US$250 millones, que se ubicaría en Punta Mostacilla y permitiría el embarque de más de 13 millones de toneladas de mineral al año. La zona donde se emplazaría comprende 12 hábitats de importancia ecológica para la conservación.

Un año más tarde, en septiembre de 2013, la empresa Andes Iron ingresa el proyecto Dominga a evaluación ambiental. Compuesto por una mina y un puerto marino, que se ubicaría a apenas 10 kilómetros de Cruz Grande, Dominga produciría 12 millones de toneladas de concentrado de hierro y 150 mil toneladas de concentrado de cobre al año, con una inversión estimada en 2 mil millones de dólares y una vida útil de solo 22 años. La terminal de embarque se ubicaría cerca de Totoralillo Norte.

De aprobarse, ambos proyectos generarían un impacto irreversible en el medioambiente de la zona. El uso constante de tronaduras afectaría la fauna del lugar, partiendo por las ballenas y delfines, los cuales tienen un sistema acústico altamente desarrollado, que les permite comunicarse, navegar, alimentarse y evitar depredadores. Ambos proyectos han reconocido que impactarán el medioambiente, tanto a nivel marino como terrestre, y propusieron medidas de mitigación, pero ninguna de ellas eliminaría el daño irreversible que ocasionarían al ecosistema.

Los vecinos de La Higuera no saben qué va a pasar esta vez. El estudio de impacto ambiental del proyecto Puerto Cruz Grande se encuentra ya aprobado por la autoridad, aunque existe un recurso en los tribunales ambientales en estado de reclamación. Dominga se encuentra aún respondiendo las observaciones y preguntas de las autoridades, organizaciones sociales y habitantes de la zona, y se estima que en los próximos meses se debería resolver el futuro del proyecto.

Durante años, Oceana ha impulsado la creación de un área marina protegida en La Higuera e Isla Chañaral, la que permitiría conservar la biodiversidad y al mismo tiempo, desarrollar actividades comerciales y recreativas sustentables, como la pesca artesanal, la extracción de locos y machas y el turismo. A pesar que las autoridades medioambientales han visto con buenos ojos esta iniciativa, aún no se ha traducido en acciones concretas.

Por el momento, la suerte de La Higuera está en manos de los organismos de calificación ambiental, quienes deberán votar próximamente si aprueban o rechazan Dominga, un proyecto que transformaría a este ecosistema en una nueva Zona de Sacrificio para Chile.

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