En una decisión inédita, el Presidente Piñera anunció que la Central Termoeléctrica Barrancones no se instalará en la comuna de La Higuera como estaba concebido, sino que sería relocalizada por la empresa Suez Energy.

Este anuncio tiene varios alcances que amerita desglosar.  En primer lugar, valoramos la decisión del Presidente de tomar las acciones conducentes a evitar un error que habría tenido impactos irreversibles, tanto en un ecosistema tremendamente valioso como en las comunidades locales que viven de los recursos naturales.   Tampoco debemos olvidar que el sistema destinado a evaluar el proyecto no funcionó y, en consecuencia, hay tareas por hacer para no depender en el futuro de otra decisión del Presidente que corrija lo que los organismos técnicos no hicieron bien.

En segundo lugar, hablar de relocalización del proyecto no parece ser una prerrogativa exclusiva del Presidente.  Si la empresa desea instalar su planta a carbón en otro lugar, deberá empezar desde cero su tramitación en el sistema de evaluación de impacto ambiental.  Desde ese punto de vista, entendemos que el proyecto Barrancones ya no existe. 

Lo tercero es que el problema de las termoeléctricas a carbón trasciende la situación de esta central en particular, ya que hay otros diez proyectos en carpeta, incluyendo la central Castilla que es cuatro veces mayor a la planta de Suez y, por lo tanto, mucho más contaminante en la misma proporción. Todas estas centrales debieran ser revisadas con mucha atención y procurar que no se cometan más decisiones erróneas como la de la Corema de Coquimbo.

Es evidente que Chile tiene necesidades energéticas que debe resolver a un costo económico realista.  Sin embargo, debemos hacer una nueva ecuación entre el precio de la energía y los impactos en el ambiente y la salud, que hasta ahora no son internalizados por las empresas, sino que son absorbidos principalmente por las comunidades locales.

Para estos efectos, el gobierno debería revisar su política energética y redoblar los esfuerzos para reemplazar el carbón por fuentes limpias. Chile tiene condiciones óptimas para el desarrollo de energías renovables no convencionales como el viento, sol y corrientes marinas.   Con una política decidida podríamos convertirnos en un país líder en esta materia con el incentivo adicional de contribuir al mejoramiento de nuestra imagen internacional en el ámbito ambiental, que en otras ocasiones ha estado marcada de manera negativa.

Debemos destacar, además, los ribetes políticos de la manera cómo se gestó la decisión presidencial.  Como nunca antes, las agrupaciones ambientales locales nacionales e internacionales, las redes sociales, los científicos, comunicadores y personas comunes y corrientes se han organizado y ordenado en función de una causa común para pedir que se rinda cuenta de una promesa electoral.  

Los contundentes antecedentes científicos y técnicos hicieron eco en la ciudadanía para exigir el respeto a uno de nuestros ecosistemas marinos más valiosos.

A continuación:

Piñera y las Termoeléctricas

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