El mejor cómplice de lo que ocurre en la Bahía de Quintero es la indiferencia. Pareciera que el drama humano y ecológico que afecta a esta zona no fuera lo suficientemente grave como para motivar a autoridades y empresas a revertirlo o, al menos, a no empeorarlo.

El derrame de petróleo ocurrido es sólo la coronación de décadas de abusos en que las empresas han tenido manga ancha para contaminar, sólo por tratarse de comunidades con menores recursos económicos o conexiones políticas. Acá es simplemente más fácil y barato instalarse ya que las personas tienen menos medios para defenderse.

Ventanas fue declarada saturada de contaminación en 1993 y desde entonces la situación sólo ha empeorado durante cinco gobiernos distintos. La fundición Codelco Ventanas ni si siquiera cuenta con una patente municipal definitiva para su funcionamiento, ya que no tiene el informe sanitario favorable que la ley exige para ello. Además, tiene muchas instalaciones sin recepción de obras. Si la ley se aplicara de manera pareja, Codelco Ventanas debería ser clausurada.

La termoeléctrica Campiche fue aprobada en condiciones completamente oscuras, con un cambio regulatorio hecho el 31 de diciembre de 2009 para hacer un traje a la medida que permitiera su aprobación ambiental. Este año ENAP puso como prioridad la construcción de una nueva termoeléctrica en la bahía, a lo que se suman otros 4 proyectos industriales de gran envergadura.

La situación no resiste más y se requiere que el Estado cumpla su obligación legal de recuperar esta zona a través de un plan de descontaminación drástico y bien financiado que obligue a las empresas en operación a hacer cambios tecnológicos y, para empezar a conversar, que prohíba la construcción de nuevas fuentes contaminantes.

A continuación:

Empresas contaminantes y soborno

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