Diario de expedición: Reserva Nacional Katalalixar, Patagonia, Chile

 

Sarah Bedolfe, bióloga marina del equipo de Oceana en Estados Unidos, se une a nuestra tercera expedición a la Reserva Nacional Katalalixar, el cual será su primer viaje a la Patagonia. Día a día nos contará sobre los avances de la expedición científica, pero también sus impresiones sobre los hermosos paisajes y la rica biodiversidad que abunda en esta zona del país.

Día 1: Viajando a la base en Caleta Tortel

Luego de 10 horas de viaje en auto desde el aeropuerto más cercano, en el corazón de la Patagonia Chilena, se encuentra el pueblo Caleta Tortel.

Esta semana, el equipo de expediciones de Oceana Chile, junto a la Universidad de Magallanes y Conaf, vamos a este remoto lugar para llevar a cabo nuestra investigación, pero llegar a Tortel se siente como una expedición en sí misma. Por tierra, la carretera austral es la única forma de llegar. El viaje lo limita un camino parcialmente pavimentado y fuertes vientos amenazantes.

¿Para qué pasar por todo esto? Esta zona de la Patagonia tiene varios lugares que albergan ecosistemas marinos especiales, entre ellos están Caleta Tortel y la Reserva Nacional Katalalixar. En 2008, el equipo de Oceana llevó a cabo la primera de cinco expediciones realizadas en Caleta Tortel, lo cual permitió que diez años después se creará un Área Marina Protegida de Múltiples Usos.

Durante el viaje en avión desde Santiago, pude ver montañas, volcanes y todo un despliegue de verde infinito. Aterrizamos en Balmaceda, el aeropuerto más cercano a Tortel, pero antes de seguir el rumbo, hicimos una pequeña detención en Coyhaique para comprar provisiones, que a veces escasean en nuestro destino final.

A medio día comenzamos la travesía por tierra; pasamos por el Parque Nacional Cerro Castillo, que nos llevó por la “Cuesta del Diablo”, para llegar luego al Valle Río Ibañez, desde donde se puede admirar cómo el hermoso Cerro Castillo se impone ante cualquier explorador que viene a visitarlo.

Mis amigos chilenos me dijeron que no durmiera durante el largo viaje…y con razón: La Carretera Austral ofrece uno de los paisajes más hermosos que puedes imaginar. Pasamos por valles con lomas y montañas llenas de verde, donde ganado de distintas especies se alimenta sin que se vea ningún humano a millas de distancia. Flores que nos muestran desde un profundo morado al más vivo amarillo, se alimentan de pequeñas cascadas que traen agua fresca a sus raíces. Incluso pude observar un huemul. Las montañas no se quedan atrás con los colores, café, gris, negro, naranjo, incluso rocas moradas se posan altas y cubiertas de nieve en sus cimas.

En algún momento del viaje la carretera ya no está pavimentada. Pude ver autos volcados junto al camino, que me recuerdan que este es un lugar que puede ser peligroso.

Un par de horas más de viaje y pasamos Puerto Tranquilo, un pueblo de cuatro cuadras que se alza junto al lago General Carrera, el segundo lago más grande de Sudamérica y la marca que divide la frontera entre Chile y Argentina en esta zona.

De todo lo que he visto hasta ahora, lo que más ha marcado mi retina son los colores que ofrecen los lagos y los ríos: verde azul de hielo, turquesa y el azul marino que con los minerales de los glaciales se mezclan formando un paisaje muy pocas veces visto.

El último pueblo antes de llegar es Cochrane, que tiene una hermosa plaza y atisbos de una ciudad. El camino sigue, y yo podría estar por siempre recorriendo este lugar, hasta que veo Tortel y me asombro, es un lugar único en el mundo.

 

Fin de día 1

 

A continuación:

Descubrimos el secreto mejor guardado de la Patagonia: Katalalixar

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