junio 11, 2026
El cambio climático no es una opinión
BY: Oceana
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por Dr. Ignacio Petit y Catalina Sapag
En la política contemporánea y en buena parte del debate público televisivo se ha vuelto cada vez más frecuente poner al mismo nivel opiniones y hechos. Con frecuencia se intenta equilibrar percepciones subjetivas, muchas veces asociadas a intereses particulares o identidades políticas, con conocimientos construidos mediante evidencia científica y consenso académico.
Este fenómeno no es nuevo. Diversos estudios han descrito cómo la desinformación puede transformarse en una estrategia para validar discursos capaces de captar apoyo entre audiencias confundidas o poco informadas respecto de temas complejos como la política, la economía o el clima (Cook & Lewandowsky, 2015; Ecker et al., 2024).
Uno de los ejemplos más evidentes de esta tendencia es el cambio climático.
El negacionismo climático y el problema de las falsas equivalencias
La evidencia científica sobre el cambio climático suele incomodar determinadas visiones político-económicas. Como consecuencia, algunos liderazgos han optado por cuestionar el fenómeno desde la subjetividad o el desconocimiento, argumentando que:
- “El cambio climático es un proceso natural como cualquier otro”.
- “El cambio climático no es causado por el ser humano”.
- “El cambio climático es una invención de los ambientalistas”.
Frente a estas afirmaciones resulta fundamental recordar dos conceptos básicos: el consenso científico y el método científico.
La ciencia no funciona a partir de opiniones. Funciona mediante evidencia. A través del método científico, las hipótesis pueden ser sometidas a prueba, verificadas o rechazadas. Este proceso permite distinguir entre aquello que creemos y aquello que la evidencia demuestra. Se trata de un estándar utilizado por la comunidad científica global, independientemente de ideologías, nacionalidades o intereses particulares.
¿Existe evidencia de que el cambio climático actual sea un proceso natural?
La respuesta es clara: no.
Hasta la fecha no existe evidencia científica que explique el calentamiento global contemporáneo como consecuencia exclusiva de procesos naturales externos a la actividad humana.
Por el contrario, existe una enorme cantidad de evidencia que demuestra que el cambio climático actual es provocado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades humanas.
Pero ¿qué tan estudiado está este fenómeno?
La respuesta es simple: muchísimo.
Más de un siglo de investigación científica
El estudio científico del clima y de la influencia de la atmósfera sobre la temperatura del planeta tiene una larga historia.
Ya en 1824, el matemático y físico francés Joseph Fourier propuso por primera vez el concepto de efecto invernadero (Fourier, 1824).
Décadas más tarde, en 1861, el físico irlandés John Tyndall demostró experimentalmente que gases como el dióxido de carbono (CO₂) y el vapor de agua tienen la capacidad de absorber radiación infrarroja, una propiedad fundamental para comprender el calentamiento atmosférico (Tyndall, 1861).
Posteriormente, en 1938, Guy Stewart Callendar registró un aumento sostenido de la temperatura global y propuso su relación con el incremento de las concentraciones atmosféricas de CO₂ derivadas de la quema de combustibles fósiles (Callendar, 1938).
Desde entonces, la investigación científica sobre el clima no ha dejado de crecer.
Según Schaeffer y colaboradores (2025), durante la última década la producción científica relacionada con el cambio climático aumentó desde aproximadamente 16.000 artículos anuales entre 2014 y 2018 a más de 33.000 publicaciones por año entre 2019 y 2023.
En otras palabras, la hipótesis que vincula las emisiones humanas de CO₂ con alteraciones del clima cuenta con más de 125 años de desarrollo científico continuo.
El consenso científico es abrumador
Una de las preguntas más frecuentes es si realmente existe consenso científico respecto del origen humano del cambio climático.
La respuesta también es clara: sí.
Lynas y colaboradores (2021), en el estudio Greater than 99% consensus on human caused climate change in the peer-reviewed scientific literature, analizaron cerca de 88.000 publicaciones científicas revisadas por pares. Su conclusión fue contundente: más del 99,9 % de los estudios coincide en que el cambio climático actual es causado por actividades humanas.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo científico de referencia mundial en la materia, afirma de manera textual:
“El calentamiento de la atmósfera, el océano y la tierra debido a la influencia humana es inequívoco. Se han producido cambios rápidos y generalizados en la atmósfera, el océano, la criosfera y la biosfera” (IPCC, 2021).
La palabra utilizada por el IPCC no es casual. El calentamiento provocado por el ser humano es considerado inequívoco.
Cómo la revolución industrial cambió la atmósfera
Para comprender el origen del problema es necesario remontarse a la Revolución Industrial.
A partir de mediados del siglo XVIII, la expansión de los procesos productivos basados en carbón, petróleo y gas comenzó a liberar cantidades crecientes de gases de efecto invernadero a la atmósfera (Munhoven, 2019; IPCC, 2021).
Antes de la industrialización, la concentración atmosférica de CO₂ se mantenía en torno a las 280 partes por millón (ppm). Actualmente supera las 410 ppm y continúa aumentando (Sodhi & Ehrlich, 2010; IPCC, 2021).
Según el IPCC (2021), desde 1750 las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono y metano han aumentado aproximadamente un 47 % y un 156 %, respectivamente. Estos niveles exceden ampliamente las variaciones naturales observadas durante al menos los últimos 800.000 años de historia climática del planeta.
Las consecuencias son evidentes.
La temperatura media global ya ha aumentado aproximadamente 1,1 °C respecto del período preindustrial, un incremento sin precedentes en más de dos mil años (IPCC, 2021).
Un cambio demasiado rápido para ser natural
Durante aproximadamente los últimos 10.000 años, la Tierra experimentó una notable estabilidad climática que permitió el desarrollo de las civilizaciones humanas (Sodhi & Ehrlich, 2010).
Los cambios climáticos naturales existen, pero suelen producirse en escalas temporales de miles o incluso millones de años. Son procesos lentos, imperceptibles para una vida humana.
Lo que observamos actualmente es distinto.
Estamos siendo testigos de transformaciones que ocurren en décadas:
- Olas de calor cada vez más intensas y frecuentes.
- Sequías prolongadas.
- Eventos de precipitaciones extremas.
- Aumento en la intensidad de marejadas y tormentas.
- Alteraciones en ecosistemas y patrones productivos.
Estos cambios son observables, medibles y documentados por miles de investigaciones científicas.
No se trata de una percepción. Se trata de evidencia.
Por qué importa combatir la desinformación climática
La desinformación climática no es simplemente un problema comunicacional.
Mientras la crisis ambiental se intensifica, la difusión de información falsa o engañosa dificulta la implementación de medidas eficaces de mitigación y adaptación, retrasando decisiones que podrían evitar costos económicos, pérdidas humanas y daños ambientales significativos (Ecker et al., 2024; Flack et al., 2026).
La calidad de las decisiones públicas depende directamente de la calidad de la información disponible.
Cuando la evidencia es reemplazada por opiniones infundadas, la capacidad de responder adecuadamente a los desafíos colectivos disminuye.
En una época marcada por la sobreabundancia de información, desarrollar pensamiento crítico y verificar la veracidad de los contenidos se convierte en una herramienta indispensable para participar de manera informada en las decisiones que definirán nuestro futuro común.
No es una opinión, es un hecho
Las opiniones pueden ser diversas y legítimas en muchos ámbitos de la vida pública. Sin embargo, las opiniones no modifican la evidencia.
El cambio climático existe.
Está siendo provocado principalmente por actividades humanas.
Y existe un consenso científico extraordinariamente sólido respecto de ambas afirmaciones.
Por ello, las opiniones subjetivas de grupos políticos circunstanciales no pueden cuestionar la realidad física del fenómeno, su origen antropogénico, ni mucho menos deben causar retrocesos en el desarrollo y ejecución de acciones climáticas fundadas que buscan el bien común de las sociedades en un mundo cada vez más cambiante.
Porque el cambio climático no es una opinión, es un hecho.
Referencias
Callendar, G. S. (1938). The artificial production of carbon dioxide and its influence on temperature. Quarterly Journal of the Royal Meteorological Society. Royal Meteorological Society (Great Britain), 64(275), 223–240. https://doi.org/10.1002/qj.49706427503
Cook, J. & Lewandowsky, S. (2015). Misinformation and How to Correct It. In: Emerging Trends in the Social and Behavioral Sciences. Edited by Robert Scott and Stephan Kosslyn. ©2015 John Wiley & Sons, Inc. ISBN 978-1-118-90077-2.
Ecker, U., Roozenbeek, J., van der Linden, S., Qian, L., Cook, J., Oreskesn N. & Lewandowsky, S. (2024). Misinformation remains a threat to democracy. Nature, vol 68, pag. 29-32.
Flack, R., Cook, J., Ellerton, P., Kinkead, D., Coan, T., Boussalis, C., Nanko, M. O., Gallant, A., & Dargaville, R. (2026). Identifying flawed reasoning in contrarian claims about climate change. Environmental Communication, 1–22. https://doi.org/10.1080/17524032.2026.2663476
Fourier, J. (1824). Remarques générales sur les températures du globe terrestre et des espaces planétaires. Annales de Chimie et de Phy Sique, 27, 136–167.
Lynas, M., Houlton, B. Z., & Perry, S. (2021). Greater than 99% consensus on human caused climate change in the peer-reviewed scientific literature. Environmental Research Letters, 16(11), 114005. https://doi.org/10.1088/1748-9326/ac2966
Munhoven, G. (2019). LE CHANGEMENT CLIMATIQUE MISE EN ÉVIDENCE, DÉNI ET DÉFIS. Bulletin de la Societe Royale des Sciences de Liege, 1–30. https://doi.org/10.25518/0037-9565.9113
Schaeffer, R., Schipper, E. L. F., Ospina, D., Mirazo, P., Alencar, A., Anvari, M., Artaxo, P., Biresselioglu, M. E., Blome, T., Boeckmann, M., Brink, E., Broadgate, W., Bustamante, M., Cai, W., Canadell, J. G., Cardinale, R., Chidichimo, M. P., Ditlevsen, P., Eicker, U., … Ziervogel, G. (2025). Ten new insights in climate science 2024. One Earth (Cambridge, Mass.), 8(6), None. https://doi.org/10.1016/j.oneear.2025.101285
Sodhi, N. S., & Ehrlich, P. R. (Eds.). (2010). Conservation biology for all. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199554232.001.0001
Tyndall, J. (1861). I. The Bakerian Lecture. On the absorption and radiation of heat by gases and vapours, and on the physical connexion of radiation, absorption, and conduction. Philosophical Transactions of the Royal Society of London, 151, 1–36. https://doi.org/10.1098/rstl.1861.0001
