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diciembre 5, 2025

La efectividad de las áreas marinas protegidas depende de una buena gestión

Expedición a Alejadro Selkirk en Isla Juan Fernández en 2011

La meta 30×30, es decir, la protección de al menos el 30% de la tierra y del mar al 2030, se ha convertido en el principal símbolo de los compromisos globales de conservación de la biodiversidad. Sin embargo, en el artículo publicado recientemente en la revista Ocean Sustainability , se muestra que, si se apunta solo a lograr objetivos de superficie protegida o de “cantidad”, se puede entregar una ilusión de éxito mientras que los ecosistemas marinos siguen degradándose. El desafío no sólo es llegar al 30% del océano protegido, sino que además considerar la calidad de esta protección.

Hoy, cerca del 10% del océano está bajo alguna categoría de Área Marina Protegida (AMP), por lo que aún falta bastante para llegar al 30%. Sin embargo, una proporción significativa de las AMP más extensas del mundo no está realmente implementada y, en otra porción de estas áreas bajo protección se permiten actividades incompatibles con la conservación, como la pesca de arrastre de fondo o la acuicultura intensiva de escala industrial. En varios casos, la presión pesquera   destructiva es igual o mayor dentro de las AMP que fuera de ellas. Más aún, la categoría de “protegida” por sí sola no garantiza cambios efectivos en el uso del espacio marino, así como tampoco se traduce siempre en aportes a la conservación de la biodiversidad y sus conocidos beneficios al bienestar humano.

Chile enfrenta dilemas similares. En sectores de la Patagonia, una fracción relevante de la industria del salmón opera dentro de Áreas Protegidas, de hecho, cerca del 17% de la producción nacional de salmones se realiza dentro de parques y reservas nacionales. Esto ocurre pese a las directrices técnicas internacionales que recomiendan restringir estas actividades industriales de gran escala en áreas de alto valor ecológico. Así, la ciudadanía puede asumir que determinados fiordos están resguardados, cuando en realidad siguen expuestos a presiones intensas y acumulativas.

La evidencia científica es consistente. Las AMP que protegen efectivamente comparten ciertos rasgos básicos: presentan altos niveles de protección (sin pesca industrial ni actividades extractivas de alto impacto); tienen reglas claras; capacidad efectiva de gestión y plazos suficientes para la recuperación de las poblaciones. Bajo estas condiciones, aumentan la biomasa y la diversidad, extendiendo los beneficios ecológicos a zonas adyacentes, contribuyendo a la sostenibilidad de las pesquerías.

En el paper se propone complementar el 30×30 para el océano con un objetivo explícito de calidad. No basta saber qué porcentaje del océano está dentro de un polígono; es indispensable determinar qué fracción de ese 30% corresponde a áreas de protección estricta o alta, sin pesca industrial ni otras actividades incompatibles, con estándares mínimos de gobernanza, monitoreo y cumplimiento. Esa fracción debe constituir el núcleo de las redes de AMP.

Este enfoque requiere, además, una gobernanza más inclusiva. Las AMP diseñadas sin participación efectiva de comunidades costeras, pueblos indígenas y pesca artesanal generan conflictos, baja adhesión y problemas de cumplimiento. Incorporar a estos actores en el diseño y en la gestión, no es solo un imperativo de justicia, sino una condición práctica para la estabilidad y eficacia de las medidas de conservación.

En conclusión, el 30×30 es necesario, pero claramente insuficiente si se entiende solo como una meta de superficie. Mientras la discusión se mantenga centrada en el número de kilómetros cuadrados declarados, corremos el riesgo de confundir progreso estadístico con protección real. En un escenario de múltiples crisis ambientales, las AMP son una de las pocas herramientas cuya eficacia está sólidamente documentada. Desperdiciarlas en diseños débiles y oportunistas, no solo es un error técnico, es una forma de renunciar por anticipado a las oportunidades de protección real y recuperación que tenemos disponibles. Sin duda, la letra más importante dentro de las “AMP”, es la “P” de protección efectiva