Desde 2012 que la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) publica anualmente un informe sobre el estado de las pesquerías de Chile. En casi 10 años, la merluza común nunca ha logrado recuperarse y ha transitado entre el colapso y la sobreexplotación, sin que existan signos importantes de recuperación. 

                             

La pesquería de la merluza común (Merluccius gayi gayi) ha registrado numerosos signos de deterioro a través del tiempo, como una disminución en el tamaño del stock y capturas, disminución en las edades máximas de machos y hembras, frecuencia de tallas y en el tamaño mínimo de madurez sexual. Debido a lo anterior, el recurso fue declarado “agotado y/o colapsado” en 2015 y en la actualidad se encuentra en estado de sobreexplotación con riesgos de colapso y muestra escasos signos de recuperación en el corto y mediano plazo. Varios factores explican por qué la merluza llegó a este estado, dentro de los que se encuentra la forma en que es extraída. 

El 60% de la cuota de merluza común se asigna a la flota industrial cada año, la que utiliza la pesca de arrastre de fondo para extraer este recurso. Al respecto, se ha descrito en innumerables investigaciones que los ecosistemas del fondo marino se ven afectados y reorganizados con la industrialización de las pesquerías y que los stocks comerciales de la mayoría de las especies demersales colapsan.  

Si sólo analizamos las distintas especies de merluzas existentes en Chile, podemos decir que 3 se encuentran sobreexplotadas y 1 agotada.  

La pesca de arrastre de fondo es extremadamente dañina ya que no sólo afecta a los individuos de la especie objetivo, sino que también afecta el hábitat del que estos dependen para poder mantenerse y vivir. Al homogenizar el fondo marino elimina características del hábitat que son importantes para los reclutas de las poblaciones de peces explotadas y de muchas otras especies incluyendo aquellas que los peces comerciales comen. La pérdida del hábitat de crianza puede llevar a una declinación importante de las pesquerías económicamente importantes para las comunidades costeras. 

Específicamente, las profundidades a las que comúnmente operó la flota industrial en Chile en los últimos cinco años, entre 150 y 350 metros, coincide con la distribución batimétrica de individuos juveniles sexualmente inmaduros de merluza común. Sumado a lo anterior, se estima que el uso de redes con luz de malla de 100 mm estaría asociado a una longitud de primera captura entre 34-35 cm, es decir, por debajo de la talla mínima de captura aceptada y, por lo tanto, seleccionado individuos inmaduros y afectando la recuperación del stock. 

En este contexto, desde 2018 se ha comenzó a descontar desde la cuota global anual la proporción de merluza común descartada, pero esta medida no apunta a mejorar la selectividad del arte de pesca, sino que permite y mantiene la presión de pesca sobre los individuos juveniles sexualmente inmaduros. 

Teniendo en cuenta los cambios en los desembarques observados desde el inicio de la pesquería de merluza común hasta la actualidad, los efectos acumulativos de la sobrepesca realizada con arrastre de fondo y el estado actual de la especie, se hace evidente que para poder recuperarla se necesita cambiar la forma en que esta es extraída a un método más sustentable. 

 

REFERENCIAS 

Puig P, M Canals, JB Company, J Martin, D Amblas, G Lastras, A Palanques & AM Calafat (2012) Ploughing the deep-sea floor. Nature 489 (7415) 286-289. 

Queirolo D., M. Ahumada, C.F. Hurtado, M.C. Soriguer & K. Erzini (2012) The effects of subsampling and between-haul variation on the size-selectivity estimation of Chilean hake (Merluccius gayi gayi). Latin American Journal of Aquatic Research 40(2), 345–357. 

Thurstan RH, S Brockington & CM Roberts (2010) The effects of 118 years of industrial fishing on UK bottom trawl fisheries. Nature Communications 1-6. 

Watling L & EN Norse (1998) Disturbance of the seabed by mobile fishing gear: a comparison to forest clearcutting. Conservation Biology 12: 1180-1197. 

A continuación:

Las áreas marinas protegidas ayudan a frenar actividades destructivas como la pesca de arrastre

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