El mini submarino permitió observar ecosistemas marinos intactos en una de las expediciones realizadas en las Islas Desventuradas
OCEANA I Eduardo Sorensen

La vida marina se extiende hasta una profundidad insospechada, mucho más allá de lo que se puede explorar mediante el buceo. De hecho, gran parte del océano solo es posible estudiarlo mediante aparatos tecnológicos capaces de desafiar la falta de luz, las bajas temperaturas y la presión. Gracias a cámaras montadas en un Vehículo de Operación Remota (ROV), cámaras submarinas y submarinos tripulados, Oceana ha contribuido, entre muchas cosas, al descubrimiento de más de una docena de especies y ha registrado lugares que nunca antes habían sido vistos por el ojo humano.

Te invitamos a conocer un poco más sobre cada una de estas tecnologías.

 

El ROV 

El Vehículo de Operación Remota (ROV, por sus siglas en inglés), es un dispositivo crucial para la investigación marina. Desde 1995, más de 100 publicaciones científicas se han realizado tomando la información entregada por ROVs en el mundo, el 65% de ellas solo en la última década, lo que revela el aumento explosivo de este método de investigación submarina.

En el caso del equipo de Oceana, se trata de una estructura de unos 90 kilos, que puede llegar hasta los 600 metros de profundidad y que se opera de manera remota desde una embarcación madre, a la cual se encuentra unido mediante un cable submarino. Este cable no sólo alimenta los motores, luces y cámaras con energía, sino que permite también la transmisión de imágenes en vivo recibidas en el centro de control ubicado en la embarcación.

En su estructura externa, tiene seis luces principales y cuatro cámaras. Una de las cámaras sirve para operarlo; una segunda, de alta resolución y que se puede manipular desde la superficie; una tercera, permite grabar en 4K, y una cuarta que registra hacia atrás por motivos de seguridad y así tener a la vista el cable submarino que lo conecta con la superficie. Además, posee unos punteros láser que permiten dimensionar las imágenes y medir los objetos, por ejemplo, la longitud de un pez.

Las imágenes obtenidas por el ROV no solo tienen un propósito documental, sino también son cruciales para el análisis científico en la identificación de especies, método ampliamente aceptado a nivel internacional.  El ROV de Oceana ha contribuido al descubrimiento de una docena de especies nunca antes vistas en el mar de Chile y ha sido capaz de llegar a 550 metros de profundidad en las cercanías de un monte submarino en el Archipiélago de Juan Fernández.

 

LA DROPCAM 

Es un dispositivo autónomo que consiste en dos cámaras submarinas, cuatro luces y un tubo con potentes pilas. Su energía puede durar hasta cuatro horas y alcanzar una profundidad de mil metros. Se lanza desde la embarcación con un peso que puede ser ladrillo u hormigón para que llegue al fondo marino, descendiendo a una velocidad de 100 metros por 30 segundos, es decir, en cinco minutos puede llegar hasta los mil metros.

Una vez que se asienta en el fondo, graba el entorno durante una hora desde un punto fijo dentro de un radio de varios metros, con la ventaja que permite documentar y observar la fauna sin espantarla. Así fue que en 2018, durante una de las expediciones en el norte de Chile, la DropCam permitió probar visualmente que el langostino amarillo se desplazaba desde el fondo marino hasta la superficie, una característica de la especie que antes no había sido posible constatar.

 

EL MINI SUBMARINO

Gracias al trabajo colaborativo con National Geographic, en 2013, se usó un mini submarino para documentar la biodiversidad presente en las Islas Desventuradas. Este vehículo de la marca estadounidense SEAmagine, con capacidad para transportar a tres personas, puede llegar a más de 400 metros de profundidad, mientras que la vista panorámica en 360° permite visualizar el desplazamiento de los peces a muy poca distancia y ser testigo privilegiado de las interacciones que se dan entre las distintas especies submarinas. Su cúpula, un acrílico de forma cónica, distribuye de mejor manera la presión dentro de la cabina, lo que entrega una experiencia segura.

Posee además varios sistemas independientes de oxígeno y energía, que permiten, en caso de emergencia, que los tripulantes puedan permanecer dentro de la cabina hasta 48 horas sin ningún problema, comunicándose permanentemente con el buque madre. Aparte de tener numerosas cámaras, está equipado con un sonar que facilita la ubicación de objetos interesantes en el fondo marino y un manipulador, o más bien brazo mecánico operado a control remoto, para tomar muestras de sedimento, piedras y animales.

Las imágenes y datos obtenidos a través del mini submarino en la expedición a las Desventuradas, fueron un aporte esencial para generar la propuesta del parque marino Nazca Desventuradas, el que finalmente fue decretado por las autoridades en 2015.

 

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