Si bien la documentación visual mediante imágenes obtenidas por cámaras sumergibles o por buceo son un insumo muy importante para la investigación científica, la toma de muestras de organismos marinos y de sedimento a mayores profundidades, entrega información crucial al conocimiento de los océanos. Dentro de las técnicas más usadas están las dragas y el arrastre científico.

Dragas

Son el equipo perfecto para recolectar sedimento y organismos que viven sobre el fondo marino o en las primeras capas del suelo.

Una draga es parecida a la pala de una retroexcavadora, siendo la más común la Van Veen, desarrollada por un ingeniero holandés en 1933, la que es capaz de obtener muestras hasta 20 centímetros bajo el suelo marino y cubrir una superficie de 0,1 metro cuadrado, aunque hay otras que abarcan mayores extensiones. Desde la embarcación, se baja la draga con una soga de acero mediante un huinche hasta llegar al fondo y recolectar el sedimento, para luego regresarlo con la pala cerrada. Existen otros mecanismos más complejos para dragas más pesadas, de hecho, la usadas en geología pueden pesar más de una tonelada y permiten recolectar rocas completas.

En las expediciones realizadas en Pisagua, en el norte de Chile, con la colaboración de investigadores de la Universidad Arturo Prat, se recolectaron muestras de Thioploca, unas mega- bacterias típicas de zonas de mínimo oxígeno presentes en este sector de la costa de Chile. Además, fue posible obtener numerosos ejemplares de invertebrados, muchos de los cuales nunca antes habían sido vistos en el norte del país, además de una especie de crustáceo nueva para la ciencia.

La gran desventaja de las dragas es que no permiten recolectar muestras de peces o fauna móvil ya que, al entrar en contacto con la pala, rápidamente se escapan.

Arrastre científico

Es un método que complementa la información arrojada por el Vehículo de Operación Remota (ROV). Cuando las imágenes que se reciben en vivo contienen información necesaria de profundizar, se utiliza el arrastre científico en el lugar exacto señalado por el ROV, para así obtener muestras de fauna presente en el lecho marino mediante una red que se mueve con la embarcación. Esta técnica no tiene nada que ver con el arrastre comercial, arte de pesca nocivo que utiliza redes gigantescas y muy pesadas que arrasan con todo lo que encuentran en su camino, incluyendo muchas especies que no son objetivo de la pesquería.

El arrastre científico, en cambio, captura solamente muestras reducidas en volumen, pero representativas de la fauna de cada sitio, en el cual los investigadores que trabajan con esta técnica buscan causar el menor impacto posible. El arrastre tipo Agassiz, desarrollado por el naturalista estadounidense, Alexander Agassiz, consiste en una estructura metálica con forma de trineo con patinas, las que se deslizan sobre el fondo y en la parte trasera llevan fijadas una red de aproximadamente un metro o menos para recolectar animales como peces e invertebrados sin extraer sedimento.

Este tipo de muestreo se aplicó en las expediciones en Pisagua, Rapa Nui y en los montes submarinos. Combinando las muestras con las filmaciones del ROV, por ejemplo, se lograron describir numerosas especies nuevas para la ciencia en la ecorregión de Rapa Nui, información muy valiosa para gestionar un plan de manejo en las zonas de conservación marina.

La primera red Agassiz llegó a Chile en 1994, cuando se iniciaron los cruceros CIMAR del SHOA. La estructura fue modificada en Alemania por Matthias Gorny, actual Director de Ciencias de Oceana Chile, quien trajo dos de estos equipos al país, los cuales han servido para varias expediciones y sus réplicas aún se encuentran en servicio a bordo del buque científico “Cabo de Hornos” de la Armada.

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