Los buzos científicos usan unas tablas y lápices especiales que les permiten hacer el registro de especies bajo el agua. Esta foto fue tomada en una de las expediciones a la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández
OCEANA I Manu San Félix

Aparte de la documentación de la vida marina, el buceo también se usa como método para recolectar muestras de sedimento, animales, plantas y contabilizar flora y fauna marina. A diferencia de otras técnicas como el Vehículo de Operación Remota (ROV), las dragas y los arrastres, el buceo científico es más simple de realizar, pero está más limitado por la visibilidad del agua, la profundidad, el oxígeno que lleva el buzo y la temperatura del agua. Por estos motivos, un buzo científico debe planificar su trabajo estratégicamente, debido al poco tiempo que puede estar sumergido.

Para investigar la biodiversidad de un lugar se utilizan distintas metodologías. En una de ellas, conocida como “foto-cuadrante”, se utiliza un marco rectangular que el buzo pone sobre el fondo marino para fotografiar y/o extraer algunas especies de interés, en general las que son difíciles de describir como esponjas o corales. Este tipo de técnica se utilizó en las expediciones a Katalalixar, la cual sirvió para apoyar la identificación de las especies grabadas por el ROV.

Otra metodología, el “punto de contacto”, permite identificar especies y estimar su abundancia. Por ejemplo, para organismos bentónicos, se registra su presencia cada 20 centímetros a lo largo de una cinta de 10 metros de longitud puesta sobre el fondo marino; para los peces, se cuentan entre cinco a diez cuadrantes de 50x50 centímetros, similar a la “foto-cuadrante”,  puestos al azar a lo largo de un trazado predeterminado, labor que idealmente debe ser realizada por varios buzos donde cada uno se fija en un grupo específico de organismos como algas, corales, crustáceos y peces que se encuentran a lo largo de la cinta y dentro de un pasillo de cuatro metros de ancho. Para anotar las observaciones, los buzos cuentan con plumones y tablas especiales, lo cual requiere mucha experiencia de buceo y conocimiento de la flora y fauna marina. Este método ha sido utilizado por Oceana, NatGeo e investigadores de la Universidad Católica del Norte (UCN) de Coquimbo en las expediciones a Rapa Nui, Salas y Gómez y luego se repitió en Desventuradas y Juan Fernández, lo que permitió realizar el único inventario para cuantificar y comparar la flora y fauna bentónica de las islas oceánicas de Chile.

A través de estas metodologías se pudo llegar a la conclusión que el Juan Fernández se encuentra una de las biomasas más altas del mundo de peces costeros.

 

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