La carne de vacuno que se comercializa en Chile cuenta con trazabilidad a diferencia de los pescados y mariscos.
© Programa "Misión Encubierta" de Mega

Cuando vamos al supermercado y compramos un trozo de carne, podemos ver que el envase tiene un código de barras, el cual dice de dónde viene el producto, el día que se faenó y cuándo vence. De esta manera, conocemos el origen de lo que estamos comprando y disminuyen considerablemente las posibilidades de que esa carne nos haga mal. Es lo que se conoce como trazabilidad.

Todos deberíamos tener certeza de lo que estamos comiendo, o si tenemos alguna duda, tener la información a mano para poder aclararla. En simples palabras: es parte de los derechos del consumidor saber cuál es el origen y los procesos a los que han sido sometidos distintas fuentes de alimento.

En Chile tenemos acceso a esa información solo para algunos productos. En 1994 entró en vigencia la ley de carnes, la cual estableció un sistema obligatorio de clasificación de ganado, tipificación y nomenclatura y que además reguló el funcionamiento de mataderos, frigoríficos y establecimientos de la industria de la carne. Posteriormente, en 2009, se hizo una modificación que incluyó el sistema de trazabilidad del ganado y de la carne, dando las facultades de fiscalización y control al Servicio Agrícola y Ganadero.

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Las etiquetas de los productos cárnicos muestran información que permiten conocer, por ejemplo, el origen y fecha de vencimiento de la carne.

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Lamentablemente, en el caso de los pescados y mariscos el panorama es totalmente distinto. No existe control del origen de los productos, tampoco sabemos cuánto tiempo pasa desde que se capturan hasta que se ponen en venta, y ni hablar de una fecha de vencimiento. Una problemática que quedó muy bien reflejada en el reportaje “Algo Huele Mal” del programa Misión Encubierta de Mega, el cual reveló el alarmante estado sanitario de los productos que se comercializan en el Terminal Pesquero de Santiago, así como también el comercio de pescado ilegal.

En Oceana hemos impulsado la implementación de un programa nacional de trazabilidad para los productos pesqueros, no solo con el propósito de mejorar la inocuidad alimentaria, sino también como una forma de combatir la pesca ilegal. Hoy día existe la tecnología para llevarla a cabo, de hecho, la mayoría de los productos pesqueros que se exportan debe cumplir con estrictos protocolos de trazabilidad para poder entrar a mercados más exigentes como Estados Unidos y Europa.

Por lo tanto, lo que nos falta es darle la importancia que merece a esta herramienta, sobre todo entre los pescadores artesanales, pequeños comerciantes y distribuidores de productos pesqueros, y ayudarlos a implementar la trazabilidad. En este punto, las autoridades públicas deben tener un rol central, pues son ellas las que deben acompañarlos tanto a nivel de capacitación como subsidios.

En este sentido cobra relevancia el proyecto de ley que moderniza Sernapesca, el cual busca dotar de más recursos al servicio, lo que permitiría, entre otras cosas, implementar la trazabilidad. Luego de más de dos años en carpeta, recientemente la Comisión de Pesca del Senado aprobó el proyecto y ahora pasará a las comisiones de Constitución y Hacienda.

Todas las medidas tendientes a mejorar el derecho del consumidor a conocer de manera fehaciente el origen de lo que lleva a su mesa, así como también asegurar la inocuidad de los alimentos que compra, contribuyen enormemente a tener un país más preocupado de la salud de sus habitantes. Si queremos ser un país desarrollado, debemos ser capaces de garantizarle a todos los chilenos que los mismos estándares que se le exigen a los productos que se exportan, sean también replicados en los que se quedan en Chile. 

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