© Oceana I Mauricio Altamirano

La langosta de Juan Fernández, Jasus frontalis, es un recurso que ha llevado el nombre del archipiélago a la boca de gran parte del mundo. Fuera de la calidad gourmet del producto, la forma sustentable de su captura le ha entregado un valor agregado. A continuación, te dejamos un reporte completo sobre las características de este crustáceo y cómo los pescadores artesanales llevaron a este recurso a ser uno de los más sustentables del mundo.

La Jasus frontalis es un crustáceo decápodo de la familia Palinuridae, que solo habita en las aguas del archipiélago de Juan Fernández y las Islas Desventuradas. Tiene un caparazón con numerosas espinas y un rostro puntiagudo con dos grandes antenas, presenta un color anaranjado u amarillo que puede llegar a ser café rojizo, incluso con manchas de distintos colores. Su principal fuente de alimento son algas, moluscos, crustáceos y materia animal en descomposición.

Puede habitar aguas superficiales y profundas (su distribución batimétrica es de 2 a los 200 metros), especialmente en fondos rocosos, cuevas y grietas. Una de las características más sorprendentes de esta especie, es la migración desde las distintas profundidades donde habitan hacia un lugar común para llevar a cabo la reproducción.

El proceso de reproducción se desarrolla de manera jerárquica, es decir, los primeros apareamientos suceden entre los machos y hembras de mayor tamaño. Luego los machos de mayor tamaño con hembras más pequeñas y al finalizar el periodo, los exponentes pequeños de ambos sexos. La langosta de Juan Fernández se reproduce durante la noche y se reproducen una vez al año.

Pesquería sustentable

La extracción de la langosta de Juan Fernández es la principal fuente de recursos económicos de los habitantes de la isla. Hace décadas, los pescadores se dieron cuenta de que la población de langostas se reducía progresivamente, por lo que decidieron tomar medidas para revertirlo e implementaron un sistema para manejar el recurso que hoy es un ejemplo a nivel mundial.

Como parte del plan de manejo, se estableció que los pescadores artesanales sean los únicos que pueden extraer las langostas, usando embarcaciones pequeñas que solo pueden transportar unas pocas trampas por día. Además, se fijó una veda de cuatro meses y medio (desde mayo a septiembre) y una talla mínima de captura de 115 mm de longitud de caparazón. Si un ejemplar más pequeño ingresa a algunas de las trampas, el pescador la devuelve inmediatamente al mar.

Los pescadores están conscientes de que estas medidas han permitido que la langosta de Juan Fernández sea considerada la pesquería más sustentable del país. “Somos sustentables con visión de futuro. No pensamos solamente en los que estamos ahora, si no en lo que vienen, hemos sido siempre conscientes de que lo que nos rodea hay que cuidarlo y es algo único”, detalla Daniel González, Presidente Sindicato De Trabajadores Independientes de Pescadores Artesanales (STIPA).

La pesquería de langosta de Juan Fernández con trampa alcanzó la certificación internacional del Marine Stewardship Council (MSC). Esta entidad es una organización internacional sin fines de lucro, que lleva a cabo el único programa de certificación y eco-etiquetado para pesquerías de captura en estado silvestre. La pesca realizada en el archipiélago chileno se unió a un selecto grupo de 248 pesquerías certificadas, que ayudan a garantizar ecosistemas marinos saludables para el futuro.

A continuación:

Conociendo los recursos marinos de Chile: La merluza común

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