Coral rojo

Anémona naranja de profundidad (Actinostola chilensis) e hidrocoral rojo (Errina antarctica) captadas en el Canal Castillo

 

Las olas azotan con fuerza uno de los costados del barco, a la lejanía se pueden ver las luces de Puerto Natales avisando que la travesía terminó. Ha sido más de una semana navegando en una de las zonas más inexploradas de los fiordos de la Patagonia: la Reserva Nacional Katalalixar, ubicada entre los canales dispuestos al sur del Golfo de Penas, en la región de Aysén y que muy pocos han sido capaces de recorrer por lo estrecho que son.

Esta fue una de las primeras exploraciones científicas que permitirá entender el ecosistema marino de esta zona, que, a pesar de ser una reserva forestal manejada por CONAF, el mar que la circunda no se encuentra protegido y es susceptible de ser intervenido por actividades contaminantes como la salmonicultura.

Junto a los científicos de la Universidad de Magallanes y CONAF Aysén, nos planteamos la misión de hacer un primer levantamiento de información en el archipiélago Campana, cuya superficie abarca unos 2.300 km2, equivalente a un cuarto de la isla grande de Chiloé. Trabajamos en la zona intermareal y también bajo el agua, registrando las distintas especies que habitan la reserva a través de buceo, una dropcam y con la ayuda de un robot submarino operado remotamente, conocido como ROV, pudimos documentar la vida submarina que se encuentra a mayores profundidades. Durante más de una semana el clima nos acompañó, consiguiendo más de 24 horas de video y más de 500 fotografías de paisajes submarinos increíbles.

Las aguas que rodean Katalalixar son especiales, ya que se mezclan el agua dulce, proveniente de los ríos y glaciares y el agua del mar, dando vida a un ecosistema abundante donde destacan especies comunes de la Patagonia como corales látigo, anemonas de mar, caracoles, jaibas, y estrellas de mar, pero también tuvimos la oportunidad de registrar a la escurridiza y pocas veces fotografiada araña de mar junto a otros 11 ejemplares más.

Hasta ahí ya estábamos conformes con los resultados, pero luego algo novedoso empezó a ocurrir: vimos especies que solo se sabe que habitan en la Antártica y otras que solo han sido reportadas hasta Chiloé. Esto fue una gran sorpresa y refuerza la idea que el ecosistema de este lugar es especial.

Aparte de este suceso, encontramos la razón por la cual abundan los delfines australes, los lobos marinos y otros cetáceos: hay grandes colonias de langostinos. En algunas ocasiones pudimos ver cómo se extendían como una gran alfombra por todo el fondo marino, siendo un paraíso para estos depredadores que se alimentan de ellos.

Sin embargo, no todo fueron buenas noticias. Lamentablemente y a pesar de ser lugares inhabitados, en algunas islas vimos restos de plásticos provenientes de redes de pesca y de artículos usados por las salmoneras, lo cual demuestra que el daño producido por la basura no solo afecta a las comunidades costeras, sino también viaja a zonas tan inexploradas como esta.

Mientras el barco llega a puerto luego de casi 10 días, las caras de los expedicionarios vibran de energía por tocar tierra firme nuevamente. Mientras desembarcamos, nos queda la grata sensación de haber estado en un lugar que muy pocos han tenido la posibilidad de visitar y la necesidad de cuidar uno de los pocos lugares en el mundo que aún no han sido intervenidos por el hombre.

A continuación:

Nota del CEO de Oceana, Andy Sharpless: Bloomberg Philanthropies expande la iniciativa Vibrant Oceans

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