© Oceana I Sarah Bedolfe

Diario de expedición: Reserva Nacional Katalalixar, Patagonia, Chile

 

Día 3:

El sonido de los compresores llenando tanques está inundando en el muelle desde hace un par de horas mientras una suave llovizna humedece nuestras espaldas. Es el día número tres de nuestra expedición y hoy voy con los fotógrafos del equipo a sumergirnos en las aguas que inundan el Canal Martínez, en la Bahía Graciela y el Canal Horacio.

Mientras cargamos el bote conversamos sobre las expectativas de lo que vamos a encontrar bajo el agua, Lucas es el más efusivo al respecto: “Bucear en Katalalixar es una experiencia increíble. Explorar lugares nuevos y descubrir que bajo el mar hay un mundo lleno de colores y vida. Poder grabar esto y darlo a conocer es algo muy valioso para nosotros”, comenta.

Tanto Lucas como Mauricio han estado bajo estas aguas en más de una ocasión, y aún así se les nota en la cara una honesta emoción de poder ir a capturar fotografías de lo desconocido. Son las 11 am y comenzamos a alejarnos de Caleta Tortel hacia nuestro destino. En el camino, los buceadores ya están preparándose para las inmersiones, ya que no es nada de simple bucear en estas aguas: La temperatura es mínima y hay que llevar una gran cantidad de equipos.

Si no se esta preparado este tipo de travesías pueden ser peligrosas, ya que nadie nunca ha visitado estos lugares antes, es por eso que todos los procesos de prevención, protocolos de emergencia y revisión de equipos se hace con extrema cautela y paciencia. El lugar de inmersión se decidió en base a la profundidad (menos de 20 metros), corriente, salinidad, interés científico y el potencial de buenas imágenes.

 

                                                             

Las condiciones climáticas de la superficie no nos invitan al 100% a bucear: hay viento, olas, niebla y lluvia; pero al mismo tiempo dan una atmosfera de aventura que solo he sentido en la época de mi niñez. Hay paredes de rocas y bosques cubriendo montañas que emergen de la niebla que nos muestran cataratas rabiosas rompiendo el verde infinito.

A las 13:39 horas fue la primera inmersión, duró 45 minutos, y mientras los buzos nadaban bajo el mar el capitán tocaba guitarra y compartíamos un mate. De esta primera búsqueda encontraron calamares, mucho coral rojo, cangrejos hermitaños, camarón pintado, esponjas blancas y centollas. “La gente piensan que en Patagonia no hay nada, porque es frío, el agua es oscura, pero cuando prendes la luz se ve mucho color”, comenta Mauricio mientras se saca el traje de agua.

                                                             

Mientras nos movemos a la segunda locación, los chicos comen uno sándwiches para recuperar un poco la energía perdida. Ya instalados, es un esfuerzo de grupo poner los equipos nuevamente en sus espaldas y que las capuchas estén bien selladas (tuvimos que usar talco para facilitar el proceso). El segundo buceo partió a las 15:45 y duró 40 minutos, aquí pudieron observar ofiuras, centollas y una gran cantidad de estrellas.

                                                            

Camino de vuelta el cansancio de los buzos se siente en el ambiente del bote, el clima comienza a mejorar y con un mar revuelto seguimos abriéndonos paso a Caleta Tortel, para ver el material que capturaron, empezar a redactar las conclusiones de esta expedición y empezar a entender que es hora de que comience la vuelta a Santiago, un lugar que parece lejano en distancia y en el tiempo. Estoy con ganas de quedarme y ser parte de este lugar donde todo lo demás parece banal.

Fin del día 3

A continuación:

Diario de expedición: día 2

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