El Director de Ciencias de Oceana, Matthias Gorny prepara el Vehículo de Operación Remota para lanzarlo al mar
OCEANA I Mauricio Altamirano

Se sabe que el norte grande de Chile es muy productivo para la pesca, especialmente de la anchoveta, una de las pesquerías más relevantes para el país; sin embargo, sus ecosistemas y fauna marina son casi desconocidos. Por esta razón, Oceana Chile decidió ir a esta zona, y aportar en el conocimiento del mundo submarino que habita este lugar.

En octubre de 2017, junto a investigadores de la Universidad Arturo Prat, se llevó a cabo la primera expedición que Oceana realizaba en el norte grande. Fueron cerca de 250 kilómetros, desde la desembocadura del río Loa hasta Playa Chipana, y desde Punta Patache hasta Punta Pichalo en Pisagua. Ahí se tomaron muestras biológicas de la fauna marina y se hicieron filmaciones con el Vehículo de Operación Remota (ROV).

La primera conclusión de esta expedición fue que el sector más diverso de los visitados fue precisamente Pisagua, detectando además extensos tapices de un tipo de megabacterias que, por su forma y varios centímetros de longitud, son conocidas como las bacterias de espagueti. Éstas ya habían sido detectadas por el destacado científico chileno Víctor Gallardo, en la década de 1960, y son los fósiles vivientes más antiguos que existen en el mundo. La presencia de estas bacterias indica lo que se conoce como una zona de mínimo oxígeno, condición oceanográfica especial de la corriente de Humboldt a lo largo de Chile. Además, fue posible registrar otro evento importante: la surgencia de aguas frías y ricas en nutrientes cerca de Punta Pichalo. Hay pocos lugares a lo largo de la costa chilena donde ocurren estos dos fenómenos, y la bahía de Pisagua es uno de ellos.

En mayo de 2018, se realizó una segunda expedición para profundizar en los estudios de esta bahía. Además de la toma de muestras, se hicieron filmaciones con dropcam y ROV, registrando, entre otras, unas 50 especies de peces y macroinvertebrados entre los 20 y 120 metros de profundidad, enormes biomasas de peces costeros de roca habitando entre los bosques de macroalgas, y langostinos presentes en los tapices de megabacterias, única especie de invertebrado capaz de aguantar condiciones de mínimo oxígeno.

Aún faltaba conocer la fauna de las profundidades y los bosques de macroalgas. Por esta razón, en 2019 se realizó una nueva expedición, en donde se lanzó una cámara a profundidades de entre 350 y 800 metros, encontrando bancos de corales látigo con mantarrayas, tiburones, cangrejos, palometas y congrios de profundidad, estos últimos, peces de alto valor para la pesca local artesanal que se refugian en esta parte del talud superior para alimentarse.

Sin embargo, lo más sorprendente fue que entre los bosques de macroalgas se registró a casi el 100% de peces conocidos del norte grande, y fue posible ver especies de roca como el bilagay, con biomasas tan altas que solo habían sido vistas en las prístinas aguas del archipiélago Juan Fernández. También se registró una abundancia similar de juveniles de jurel y cerca de las costas se observaron enormes cardúmenes de anchoveta.

Luego de cuatro expediciones en la zona, fue posible concluir que la riqueza de especies, la productividad biológica de los bosques de macroalgas, los peces de roca, jaibas, langostinos y peces pelágicos como la anchoveta y el jurel hacen únicos y de muy alto valor a los ecosistemas de la bahía de Pisagua y sus alrededores. Hasta el momento, el análisis de los resultados da cuenta de 15 especies de mamíferos marinos, incluyendo ballenas, y 49 especies de aves marinas, entre ellos el pingüino de Humboldt, que disfrutan y aprovechan la riqueza de alimento que ofrece el mar de Pisagua.

 

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