OCEANA I Mauricio Altamirano

Los océanos cubren cerca del 70% de la superficie de la tierra, albergando una maravillosa diversidad de ecosistemas marinos y especies que paulatinamente comenzamos a entender y a conocer. Sumado a lo anterior, estos enormes cuerpos de agua son los que influyen, mediante sus corrientes, en las condiciones meteorológicas del planeta a través de su capacidad de “absorber el calor, transmitirlo a la atmósfera y distribuirlo por todo el mundo a partir de las corrientes oceánicas” (NatGeo, 2010).  De la misma forma, los océanos son proveedores de una de las principales fuentes de proteínas para la población mundial.   

Según el último informe de FAO (SOFIA, 2018), cerca de 60 millones de personas dependen de los océanos para su sustento diario en la actividad de pesca y acuicultura, mientras que más de 3 mil millones de personas dependen de ellos para obtener una fuente de proteína.  

Sin embargo, los océanos del mundo son tan amplios que son propensos a una serie de abusos, como la sobrepesca y la pesca ilegal por señalar algunos.   

En Chile estas malas prácticas también se han materializado. Para ejemplificarlo podríamos hablar latamente de la sobrepesca a la cual fue sometido el jurel durante cerca de dos décadas, o bien de las constantes declaraciones de existencia de actividad ilegal en la merluza común, más conocida como la “pescada”.  

Ante esto, cabe preguntarnos: ¿cómo podemos combatir la sobrepesca y la pesca ilegal de forma inteligente?  Y ¿cómo protegemos de manera efectiva nuestros océanos?  

Frente a estas interrogantes, la transparencia y la tecnología se convierten en aspectos centrales en la conservación de los océanos. Por una parte, la transparencia como un valor compartido cuando hablamos de actividades económicas que se centran en bienes comunes y que provienen de la naturaleza; y por otra, la tecnología como herramienta innovadora en los análisis y resultados de la gestión del océano.  

En esta dirección, en 2018 Oceana Chile trabajó para poner en práctica un sistema de análisis de datos que pudiera colaborar en materias de manejo y fiscalización pero que conjugara de buena forma transparencia y tecnología. Este sistema es Global Fishing Watch (GFW).  

GFW son fundamentalmente datos que, mediante la utilización de herramientas tecnológicas de inteligencia artificial o imágenes satelitales, permiten visualizar en un mapa la operación pesquera mundial casi en tiempo real.  

Para lograr que esto se concretara en Chile tuvimos, en primer lugar, que gestionar en el proceso legislativo para que toda la información emanada del sistema de posicionamiento satelital que tenía la flota chilena mediante el Vessel Monitoring System (VMS) fuera pública de forma activa. Es decir, que todos los meses el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) publicase la información en su sitio web. 

Para los que no saben, en Chile todas las embarcaciones de pesca industrial y las artesanales, de 15 a 18 mts de largo en cualquier pesquería y de 12 a 18 mts largo en el caso de pelágicos pequeños como la sardina común y la anchoveta, tienen obligación de poseer un VMS. En total, las embarcaciones que poseen este sistema son cerca de 800 entre artesanales e industriales.  

Cumplido con disponer de los datos públicamente, se generó la vinculación entre Senapesca y GFW para que el reporte mensual de las embarcaciones pudiera ser cargado a esta gran data, logrando con ello: monitorear en tiempo real las embarcaciones, integrar la flota nacional con VMS a la internacional que utiliza AIS (otro sistema de posicionamiento), observar rutas de navegación, zonas de pesca, lances de pesca entre otros.  

Dentro de los resultados técnicos esperados del uso de GFW están el avanzar en el conocimiento de la actividad pesquera, identificando tracks de navegación, tiempo de operación por arte o aparejo de pesca, medidas de manejo espacial de pesquerías, fiscalización de zonas de pesca y el resguardo de las áreas marinas protegidas.  

Finalmente, la transparencia permite tener conciencia de la actividad pesquera sana y colapsada, visualiza la diferencia entre escasez de alimentos y seguridad alimentaria y también, por qué no, es el comienzo del fin de los excesos y abusos de los humanos con los océanos.   

 

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